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Cronopios y Hombres Sensibles, Astrólogos y Otros versus Famas y Refutadores de Leyendas


Los Cronopios estaban inquietos.
Cosa rara en ellos más propensos a dar saltitos de alegría que a preocuparse por cotidianeidades.
Les encantaba, por ejemplo, juntarse en el medio de una plaza y tomándose de las manos formar rondas para cantar cosas como "La farolera" o "Manuelita la tortuga", rondas que terminaban por lo general en gran algarabía y Cronopios abrazando a Cronopios en medio de una generalizada jarana.
Sin embargo en esa ocasión se encontraban como mustios, y la razón estaba fincada en un hecho inesperado para ellos: descubrieron que los Famas dueños de la fábrica de mangueras eran parte del conocido grupo de los Refutadores de Leyendas.
Y se dieron cuenta que los Cronopios eran también Hombres Sensibles.
Eso no lo sabían de antemano y, aún cuando tenían todos los elementos para haberse dado cuenta, les hubiera demandado una racionalidad que estaba muy lejos de caberles, más por lo de Hombres Sensibles que por lo de Cronopios. O tal vez más por los Famas que por los Refutadores de Leyendas.
El caso es que se sentían inquietos y eso de alguna manera les cohibía y sus posibilidades poéticas se reducían, y sus habilidades de saltimbanquis minoraban, y sus normales exclamaciones de alegría desaparecían.
La cuestión radicaba en que no tenían muy claro si presentarse con la solicitud de arreglo del asunto al autor de los días de los Refutadores de Leyendas y de los Hombres Sensibles o al creador de los Famas y los Cronopios.
Hasta que descubrieron que entre ellos había un enormísimo Cronopio que se llamaba Schultze y que era Astrólogo.
Con este descubrimiento los Cronopios comenzaron a dar saltitos en las puntas de los pies y soltaban sonrisas que se elevaban en el aire diáfano de la plaza que no por casualidad era la del barrio de Flores y al caer, vencidas sus ansias de vuelo por sus ganas de no alejarse del jolgorio generalizado al que se sumaban montones de Hombres Sensibles, se convertían en mariposas y flores de los más diversos colores. Colores que incluso nunca habían sido vistos por persona alguna, aún cuando ciertamente habían sido soñados por los Hombres Sensibles e imaginados por los Cronopios.
En comitiva a la que le sobraba dichosa algarabía fueron a buscar a Schultze, que se encontraba en amena plática sobre tópicos metafísicos con un tal Mandeb.
Interiorizados estos sabios hombres del problema que robaba la alegría de los Cronopios intentaron calmarlos con palabras tales como estropitalescencia y emberoternismo.
A pesar de lo que se podría esperar del accionar conjunto de ambos, el fracaso fue rumoroso, para no decir que fue estruendoso porque suena peor.
Fue entonces que los Cronopios y los Hombres Sensible reunidos en torno a los singulares y tremendos metafísicos (por no llamarles patafísicos para no pecar de inmodesto) sintieron la necesidad de tomarse de las manos y comenzar una danza a la que nadie los impulsaba pero que les imponía su interior. La danza era una versión de "Lobo está" que cantaba una tal María Elena.
Mientras danzaban percibieron la proximidad de un hombre al que nunca habían visto pero al que todos tenían por amigo desde hacía mucho tiempo, y este hombre de largos cabellos rubios para los cronopios rubios pero crinudo de negras y relucientes crenchas para los cronopios morochos, que era visto con rojizos tonos por los pelirrojos, dijo con voz pausada que regalaba al oído una melodía dulce: me manda mi originador. Se llamaba Roberto y me escribió hace muchísimo, cuando contó cosas de "Los Siete Locos". Soy Astrólogo como Schultze o tal vez yo ahora sea él. Predije cosas que no han pasado pero que tengo miedo que pasen, porque pasan cosas que se parecen mucho a las que yo predije. Roberto me pidió que les contara que hay muchas continuidades. Tantas como parques se puedan imaginar.
Y me pidió que les cuente que aún no es tiempo de poda, por lo que será bueno volver a hacer mangueras para poder regalar pedacitos de colores. Me pidió que agreguen a los colores que ya están usando el color que hoy les han regalado las sonrisas que se volvieron flores y mariposas.
Hay un número que nadie conoce y que algunos dicen que está encerrado en una esfera diminuta que se llama Aleph. Cuando el número de pedacitos de manguera de colores regalado a las Novias del barrio sea igual al ese número mágico, todos los Famas se volverán Hombres Sensibles, y los Refutadores de Leyendas se tornarán Cronopios. Es ése el único acto cabalístico contra la poda del árbol humano.
Entonces todos, Cronopios y Hombres Sensibles, unidos en una hermosa comunión, dijeron una palabra mágica que les gusta mucho y que es "Mboheio" y se pusieron a bailar en medio de la plaza para mostrar su alegría porque ya no estaban inquietos.

 

Escrito por Roberto Carlos Telleria