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Varios



¿Quién es ese hijo de puta que habla de laureles que supimos conseguir? ¿Nosotros, nosotros conseguimos laureles? ¿Pero es posible que seamos tan canallas?

Yo aprovechaba para pensar en cosas inútiles, método que había empezado a practicar años atrás en un hospital y que cada vez me parecía más fecundo y necesario.

No era ni siquiera un problema, sino haberse negado desde temprano a estudiar los isótopos radiactivos o la presidencia de Bartolomé Mitre. Si algo había elegido desde joven, era no defenderse mediante la rápida y ansiosa acumulación de una "cultura" truco por excelencia de la clase media Argentina para hurtar el cuerpo a la realidad nacional y a cualquier otra y creerse a salvo del vacío que lo rodeaba.

RAYUELA

 

Vea, señora (...) lo que a usted le molesta verdaderamente es que se hable con tanto desenfado de la reina Victoria, y por eso le voy a explicar porque le tengo más afecto a Jack y a Mary Kelly que a la gloriosa soberana. En la idea figurada que me hago de un mundo mejor, Jack a venido a la tierra para destripar a la reina. Cuando digo Jack, cuando digo reina, quizá usted ya me entiende; y si todavía no está claro entérese de que un tal Henry Mayhew, citado por Franklin en su estudio sobre el Ripper, comprobó que en tiempos de la gloriosa soberana las condiciones de vida en Londres eran tan monstruosas que el número de prostitutas pasaba de ochenta mil. El desempleo, la miseria, el despotismo social, no dejaban a esas mujeres otro reino que el de la ginebra, las enfermedades venéreas o el cuchillo; para una Moll Flanders, cuántas acababan como la Nancy de Oliver Twist? Desde luego, los estadígrafos y la mofletuda soberana no se enteraban de nada. Y nada
resume mejor el paraíso victoriano que la frase de una de las muchachas del East End, cuando la aconsejaban que dejara de trabajar en la calle para no encontrarse con el Ripper: "Bah, que venga. Cuanto antes mejor para una como yo". Así, señora, por muy horribles que fueran los crímenes del Ripper, parecen obras de beneficencia frente a este hipócrita genocidio que en
tantas partes del mundo está lejos de haber cesado; y por eso, en mi mundo figurado, Jack sigue ahí para destripar a la reina Victoria, y el poema que compuse como epígrafe es irónicamente cierto y Jack es un pilar de la sociedad. En su película sobre Peter Kürten, el francés Robert Hossein vio muy bien el problema: la ciudad de Düsseldorf, que tiembla ante los repetidos asesinatos del vampiro, tolera impasible las palizas de los nazis a los judíos, las primeras destrucciones de bibliotecas, los desfiles de las juventudes hitleristas. Voilà, madame.

LA VUELTA AL DIA EN OCHENTA MUNDOS